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La música, pilar histórico de la educación

Desde Platón hasta nuestros tiempos, los puntos de vista coinciden en que la música es un elemento fundamental en la formación académica de una persona. 

El hombre es un ser de vibración, por tanto la música compuesta de vibración sonora incide directamente sobre el ser. La música es vida. El ser humano es la máxima expresión de la vida”.

Lucila Martínez Lozano y Armando Lozano Rodríguez (2007)

El ritmo y la armonía descienden a todas las zonas del alma, otorgando la gracia de cuerpo y mente que solo se encuentra en quien ha sido educado de manera correcta; es decir, solos aquellos educados, son capaces de disfrutar la música y encontrar en ella una armonía para las zonas del alma, según el histórico filosofo Platón

Aunque el punto de vista de Platón se pueda poner en tela de juicio por su carácter discriminatorio a aquellos no educados, el de Aristóteles, por su parte abarca algo totalmente certero; además de haber sido uno de los primeros promotores de una educación musical integral, aseguraba que los humanos alcanzan una determinada cualidad de personalidad debido a la música y su relación con ella.

Durante la edad media y el renacimiento, la música se consideraba uno de los cuatro pilares fundamentales de la educación en conjunto con la geometría, la aritmética y la astronomía; pero a lo largo de la historia se ha dejado a un lado y se ha convertido en un “complemento” de la educación; por ejemplo, en Colombia, la mayoría de los colegios solo destina una hora de clases para tal asignatura mientras que para materias como matemáticas, lenguas, historia, química, entre otras, se destinan de tres horas en delante de acuerdo con la reglamentación del Ministerio de Educación Nacional (MEN).

Mientras que se subordina la importancia de la música en el aprendizaje y se ignoran cientos de estudios que demuestran que la música hace mas fácil el proceso, personas como él psicólogo y educador búlgaro Georgi Lozanov (1926-2012) direccionan todos su esfuerzos para demostrar que la música ejerce una profunda influencia en nuestra capacidad para relajarnos y concentrarnos actúa sobre las dimensiones emocionales, físicas y cognitivas del alumno, entre otras.

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No solo desarrolla capacidades lingüísticas sino también motoras y sociales. Imagen tomada de Flickr, compartida por: ‘Gabriele Giusto’.

El ingeniero de sonidos Michael Coneo estuvo trabajando recientemente en un proyecto que consistía en hacer canciones de diferentes géneros, para niños, enfocada en “enseñar y reforzar a los niños de 2 a 12 años los valores que deben tener dentro de la sociedad y como valor agregado cada composición tiene componentes prácticos que refuerzan la motricidad gruesa y fina, la inteligencia matemática, lingüística, interpersonal y por supuesto la musical”

El proyecto denominado “para cada quien”, fue puesto a prueba durante un año en las aulas de clases de prescolar y primaria del colegio Boston Internacional de Barranquilla y asegura que “el resultado fue eficaz; al terminar el año los chicos de prescolar de 2 a 3 años desarrollaron con la ayuda del material, la pronunciación fluida de algunas palabras, las relaciones de amistad entre los compañeritos fue más amigable y amorosa, los niños comenzaron a aprender y comprender que hay tiempo para todo” entre otros resultados.

Por su parte, la licenciada Raquel Gómez, miembro del Equipo Red Musicante, sostiene que estos procesos son exitosos porque “En los años preescolares la creatividad y las habilidades artístico-expresivas se encuentran en plenitud. Lejos de las reglas y pautas del marco social, los niños tienen la posibilidad de “jugar” con su voz, con su cuerpo y con instrumentos musicales en forma desenfadada y espontánea” lo que se desarrolla en un proceso de aprendizaje mucho más fácil.

Según la licenciada, actividades como diálogos sonoros, los cambios de roles que se juegan en una improvisación, el uso del cuerpo y el movimiento para “contar” cosas, los juegos rítmicos, el aprendizaje de canciones, son entre otras, algunas de las actividades que estimulan “al ejercicio de la comunicación, el respeto por el tiempo propio y ajeno, la aceptación y valoración de las diferencias y, sobre todo, la socialización”.

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